¿POR QUÉ ETIQUETAMOS NEGATIVAMENTE A NUESTROS HIJOS?

Existen muchas razones por las que los papás, sin darnos cuenta, o conscientemente, etiquetamos negativamente a nuestros hijos.

Una de esas razones es por pura desesperación. En ocasiones hay conductas de nuestros hijos que nos irritan o nos preocupan, esto es normal. La mayoría de los niños no lo ponen fácil, tienen sus cosas. Claro, son personas. Pero nosotros también somos personas, también tenemos nuestras cosas, y dentro de esas cosas, en ocasiones, está el hecho de que ya no sabemos qué hacer para que nuestro hijo cambie una determinada actitud y conducta. Cuando esta situación se alarga, inconscientemente podemos recurrir al etiquetado para que nuestro hijo se sienta incómodo con ese aspecto y se sienta motivado a cambiarlo. Craso error.

LAS ETIQUETAS POSITIVAS

Pero el etiquetado no siempre es negativo. “Eres el más listo”, “Eres un campeón”, “Eres un cerebrito”.

Con esto solemos querer reforzar su autoestima, animarle. También puede ser que simplemente estemos sacando conclusiones de lo fascinante que es reconocer un determinado rasgo de nuestro padre o de nuestra madre, o incluso de un tío o una abuela, en el carácter de nuestro hijo.

LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

Piensa una cosa. Recuerda lo que es ser niño. Estás descubriendo el mundo. Te estás descubriendo a ti mismo. Tus padres –aún- son algo así como Dios. ¿Qué conclusiones crees que extraerá un niño cuando recibe estos mensajes? : “deja, que eres muy torpe”, “ no hagas eso, que siempre te caes”, “tú no, que eres un poco trapatroles”, “cuidado, que te vas a lastimar”. Fácil: pensará que es especialmente torpe, que no puede confiar en sus habilidades motoras. Esto generará ansiedad y aprensión hacia situaciones de reto físico, que desencadenarán intentos tensos, poco espontáneos y fallidos, en los que probablemente caerá, reconfirmando la hipótesis de los padres y generando una nueva hipótesis ” soy un torpe”. Y esto vale para las matemáticas, para cantar, para dibujar, para hacer chistes, o para lo que sea.

Evita las etiquetas negativas, minan su autoestima y hacen más probable que fallen y no se atrevan.

NO ETIQUETES POSITIVAMENTE UN CARÁCTER SINO UNA ACCIÓN

Las etiquetas positivas tampoco están exentas de riesgos. En ocasiones, cuando vemos que nuestro hijo se lamenta de que algo le cuesta o no se le da bien, tendemos a aplicar paños calientes, diciéndole cosas que no son. Este le confunde. O tendemos a poner altos estándares de exigencia sobre ellos sin darnos cuenta, diciéndole que “es un campeón del fútbol”, o que “es el que mejor dibuja”, o que “es el mejor estudiante”. Si el niño se identifica con esta etiqueta, orientará todos sus esfuerzos a mantener ese estándar, sintiéndose mal consigo mismo y con los demás si no lo cumple en alguna ocasión, lo que lógicamente antes o después llegará, porque nadie es perfecto.

LO MEJOR: ETIQUETAR LA ACCIÓN Y NO AL NIÑO

La alternativa es fácil. Cuesta un poco romper inercias y acostumbrarse, pero es tan sencillo como esto. Te damos algunos ejemplos por si te animas a probarlo.

“Has dibujado este barco muy bien”
“Has dado un gran salto”
“Te has esforzado mucho y lo has conseguido”
“Me gusta cómo has ayudado a tu hermano”
“Has dicho una cosa muy bonita”